El amargo-dulzón de nuestra política criolla

Momentos aciagos vive la política doméstica nacional. Acusaciones, allanamientos, hostilidades y persecuciones se suscitan por doquier. El teatro del absurdo sigue con su novela ionesca, creando nuevos pasquines políticos que poco o nada contribuyen a la impostergable articulación entre el poder social y el poder político. Sigue siendo grandemente superado el liderazgo político criollo. Dolorosamente a muchos le ha quedado grande el traje recién comprado, ante las desafiantes exigencias de una población nacional, que ahora los ve y los escucha con un renovado escepticismo ante tanto desatino.

Al igual que a principios del año pasado se vuelve a percibir, como la “polarización” no es otra cosa, que un tentador eufemismo para justificar la “inmediatista” necesidad de que todo el país, se enrolara en un espíritu de cruzada en la defensa o repulsa del régimen que sigue pavoneando con su impericia entre los suyos, pretendiéndose con ello azuzar pasiones en el marco de una realidad, que aún está lejos de desatarse: La Guerra Civil. En consecuencia la polarización es un estrategia.

Aunque existen condiciones sustantivas para que ésta se recree en el escenario nacional, es importante señalar que en todo enfrentamiento de fuerza, más aún si se trata de coterráneos, se requiere de “estrategia”, de “organicidad”, de “disposición a la lucha”, de “convicción” y de “conducción”, lo cual pareciera habérsele olvidado a los periodistas de siempre disfrazados de “analistas políticos”. Con la el abuso del vocablo “polarización” todos los parlanchines mediáticos se gradúan de Sociólogos Políticos, pretendiendo catalogar, con esta indefinición, a un gran sector político, social y activo, actualmente desmovilizado, que en las pláticas de café se hacen llamar “los del medio”, o más recientemente la “sociedad política del tercer lado”. La desconfianza en el liderazgo político comienza a avanzar con paso firme, aunque esto no quiere decir desconfianza en la política: de aquí lo especial e inédito de este episodio viviente de nuestra particular historia patria.

Mientras unos pretenden sentenciar, sin ley ni virtud que les cobije, de “golpistas”, “fascistas” y “conspiradores” a todo quien no haya “reflexionado” sobre las bondades del efímero “proceso”, pierden de vista que existe un importante sector políticamente necesario, que les repugna la irresponsable actitud de un gobierno que no comulga con el ejemplo, por aquello de la representatividad que frecuentemente olvidan, espían culpas a diestra y siniestra. Que a pesar de haber ganado ocho procesos electorales, haber cooptado los poderes públicos, haber aprovechado el encantamiento revolucionario para el diseño de una Constitución a la medida, de haber tenido apoyos suntuosos y de haber terminado de fracturar el longevo bipartidismo, todavía siguen gastando millones para decir que “no les dejan gobernar” aquí y en cuanta Cumbre asisten alrededor del mundo. Asimismo, se olvidan de una población que les ve y ríe por no llorar, y que seguramente no empuñará ninguna espada para salir a inmolarse ni por ellos ni contra nadie, ya que pareciera que los detentores del poder estatal no se han enterado de que la Venezuela de la “Expedición de los Cayos” de 1815 ya hoy ha cambiado inmensamente. Por lo que el anacronismo “Liberales vs. Godos”, “Oligarcas vs. Patriotas”, no tiene cabida.

Por otra parte, el liderazgo político opositor, cada vez más vilipendiado y apabullado por su cuota de incapacidad y de imprudencia , vuelve a perder respaldo social. Inconformes han tenido que admitir la postura oficial de administrar sus energías para el eventual referendo revocatorio de agosto de este año. Y esto debido principalmente a su embriaguez de protagonismo, y a la ineptitud de sus asesores (en su mayoría abogados) en la compleja comprensión del surrealismo político nacional. La oposición pudiera seguir con sus pugnas intestinas y seguir obstaculizando el devenir político actual, pero se les agradece que no pongan a más gente en el medio de sus apetencias, no sigan decepcionando a los que aún cifran esperanzas en ustedes. Profesaron el incendio del país y el objetivo quedo no tan solo intacto, sino más dispuesto a recrudecer su obstinación de “lucha de clases” y con ello cortando los laboriosamente construidos “puentes de comunicación” entre las partes que hacemos de Venezuela nuestro locus de vida.

Todavía siguen obcecados, concibiendo al presidente Chávez como un “loco”, un “demente”, un “irracional” y más aún como un “político primitivo”, y hasta ahora ha resultado uno de los políticos oficiosos más consecuente con su verbo en su versión más revanchista y populista, su ideología socialista y su ejercicio militar – personalista del gobierno. Existen muchos que todavía hablan de “la máscara democrática de Chávez” y disertan sobre si “se quitó la máscara o la sigue portando”. ¿Cuál máscara?, nos preguntamos muchos, que entendemos que lo de la “máscara” no es otra cosa que un maniqueísmo inútil de habladores de turno, con el que pretenden justificar la torpeza en la concepción del escenario político, así como también ocultar la frustración de no haber podido deponer un régimen, sino todo lo contrario, enardecerlo y afianzarlo aún más, sencillamente por una simple razón: perdieron y siguen perdiendo sistemáticamente el crédito y la confianza, del sector que no quiere defender sus opiniones con las armas ni con escudos humanos.

El gobierno les aventaja, porque además se asesora con pocos politólogos, mientras que la oposición se asesora de muchos abogados. He aquí la más dramática escena de este teatro surrealista tropical. Mientras algunos lustran la imagen de su candidatura ficticia, otros desenvainan el sable para atrincherarse en la banalidad del poder nuevamente, rompiendo los canales políticos de negociación nacionales e internacionales, y en el ínterin, el escepticismo es el que sale nuevamente a marchar en las calles, dejando a la sociedad con el amargo dulzón de nuestra política criolla, viendo como sigue la agonía de nuestra Venezuela “en vivo y en directo”.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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