Ídolos rotos: dicterios sobre la búsqueda de utopías

“¿Es posible tal república?” solían reproducir los transcriptores de Sócrates continuamente al final del impúdico desafío de elucubrar sobre “la sociedad ideal”.  Unos miles años después de tanta agua corrida por estos causes, la pregunta es recurrente y no menos reflexiva. Produce a veces “el delirio del Chimborazo”, “La Nausea de Sartre” o el “Pasado de una ilusión” de Octavio Paz enunciar el estado de cosas en el que nos desenvolvemos. Del optimismo fanático al asfixiante desaliento. En todas las latitudes y en los episodios más incipientes de nuestra cotidianidad, la decepción y el exceso de realidad incontestable nos abate y nos avasalla.

Cuando creímos en “que la América Latina dio un gran paso por nuestra seguridad regional, cuando se estableció el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca”  el ídolo se quebró en las conciencias silenciosas de las bajas Argentinas en Malvinas, que aún esperan en recuerdo los refuerzos que nunca llegaron. Nuestras historias patrias dieron lecciones virtuosas de historia universal, aún seguimos dando lecciones pero en otras materias como “historia de la pobreza” y seguimos dando demostraciones de cuán bajo puede llegar el Índice de Desarrollo Humano. De un Bolívar portentoso y precursor republicano, pasamos al Bolívar esclavo de la retórica de los miserables y resentidos del continente. A un Bolívar comprometido con las miserias y ruinas practicadas que su país futuro cosechó entre revancha y revancha desde el blandir fratricida de Zamora hasta hoy, un Bolívar conforme con nuestro desatino.

En el ámbito internacional, cuando el representante de los inspectores de  Naciones Unidas reporta al planeta que el “ataque preventivo a Iraq” no era otra cosa más que el maquillaje de las fauces del monstruo  tecnológico de la guerra, al “profesional” servicio de la rapacidad internacional, ¿dónde queda la imagen del coloso del norte como “garantes de la paz mundial”?, ¿ya pueden dormir tranquilos en el Pentágono?, ¿sentirán confianza los países aliados de la “estratagema” revanchista?. Mientras tanto, el ídolo dominicano del deporte hispano mostraba “vía satélite” el contrabando de trampas dentro de un bate de béisbol, rompiendo corazones y justificaciones a los que veían en él el embajador latino del “American way of life”. Al mismo tiempo, nuestra Miss Venezuela evidenciaba al mundo nuestra peor crisis: la educativa (aunque no faltará alguien que responsabilice a Osmel, para mantener esta parte de nuestra utopía criolla).

En nuestro país, durante más de ocho meses, la colectividad nacional vivía a la expectativa de las palabras, que en voz trémula, pronunciaba el ex presidente neogranadino facilitador en nuestras riñas políticas. Creyendo que “si alcanzamos un acuerdo entre las partes la pugnacidad iba a disminuir en el país”. Poco después muertos en Catia, reyertas parlamentarias e insultos bilaterales más inconados surcan nuestro cielo. Ahora aplaudimos las actitudes reprochables del pasado. Utopías que hilvanan nuevos códigos de legitimidad de forma incesante en el tiempo. ¿Ser o no ser? Ya deja de ser el dilema. ¿Creer o no creer? parece ser el actual.

En suma, pareciera que nos deleita soñar despiertos, creer en la lotería y de que vendrán tiempos mejores porque si. El optimismo como mecanismo de defensa, por defecto. Constructores de utopías, seguimos exportando al mundo, aquí tenemos suficientes por los próximos decenios. Mientras tanto seguiremos escribiendo historias de héroes y épicas temerarias, apostando con nuestro  futuro a ídolos por venir. Sin planes ni proyectos, pretenderemos nuevamente erigir egos del tamaño de catedrales. “amanecerá y veremos” seguirá siendo nuestro lúdico grito de guerra…¿habrá para entonces algún Sócrates en el mañana? que nos repita ¿ Es posible tal república? “amanecerá y veremos”.

Publicado: (10/06/2003). El Diario de Caracas.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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