¿Es necesaria una nueva organización regional sin los EE.UU.?

Recientemente asistí a una reunión en la Universidad Simón Bolívar [1], donde varios distinguidos embajadores de la región -acompañados por varios expertos en el área internacional- debatían sobre la nueva organización que se creó en la reciente Cumbre de Cancún de febrero del año en curso [2].  De dicha Cumbre muchos recuerdan la reyerta entre los mandatarios de Colombia y Venezuela, así como también el petitorio de atención de la Presidente Argentina sobre la explotación petrolera en las Malvinas (o Falklands para ser exactos con el status jurídico vigente). Sin embargo, desde el punto de vista comunicacional  la iniciativa de crear un organismo regional, sin la presencia de los EE.UU. y Canadá, no pareció tener la repercusión que se vislumbraba para la ocasión, dado el tenor continental y las implicaciones geopolíticas de la propuesta aprobada por los presidentes asistentes.

La iniciativa acordada de crear un organismo llamado Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) presenta en su documento fundacional varias implicaciones, que merecen toda nuestra atención especialmente por el hecho que será Venezuela en el 2011 (año bicentenario de su fundación como República) la encargada de proponer el formato institucional y las demás pautas reglamentarias de esta nueva organización regional, aún con todas las incertidumbres y dudas que enmarcan este nuevo organismo internacional de 32 naciones. Si la decisión no se toma en Venezuela, se resolverá en el 2012 en Brasil. Este organismo, más allá del activismo partidista de algunos, del instinto comercial de otros y del folclorismo nostálgico de casi todos, representa la reedición de una antigua y muchas veces olvidada discusión -siempre inconclusa- que se resume en la pregunta:

¿Qué es América Latina?

En vista del claro sesgo culturalista del concepto, pudiéramos incorporar otras cuestiones: ¿Por qué tantas naciones del Caribe, con tan portentoso acervo cultural latino, no es parte de América Latina?; ¿La región francófona de Canadá no tendría cabida en ese mismo concepto?; ¿Con la creciente e indetenible migración latina en los Estados Unidos, es conveniente excluir precisamente ahora a este “coloso del norte” del debate inter-cultural hemisférico? También existen otras cuestiones de tipo económico o histórico: ¿no fue precisamente nuestra integridad hemisférica más importante, durante la recuperación de la economía estadounidense en la década de los 30, episodio que potenció el más importante estímulo de la infraestructura agrario-exportadora de nuestra región?. Como dije, el debate no conlleva a una conclusión clara [3]. En vista de la incertidumbre, los Presidentes de la región plantean esta iniciativa como necesidad dejando claro que no es unánime el sentimiento anti-OEA (Organización de Estados Americanos) entre los signatarios del documento final de la Cumbre de Cancún (o Riviera Maya para ser más exactos). El espíritu pareciera similar al de Bandung de 1955: sin la presencia de las antiguas representaciones metropolitanas (España, Francia y Portugal) ni tampoco el de la economía hegemónica de nuestro hemisferio (EEUU). El peor posicionado es Canadá distanciado por añadidura aún más de su lejanía territorial.

En ocasión de ser sede, el rol de anfitrión de México no pasó de un dato anecdótico. Si bien la propuesta (a diferencia de la versión oficial presentada en Venezuela) fue planteada por el Presidente de México Felipe Calderón en Salvador de Bahía Brasil (más precisamente en la “Costa do Sauípe”) en diciembre del 2008 (I Cumbre de la CALC), en esta oportunidad la posición de su gobierno no planteó nuevas expectativas distintas a su necesidad de provocar resonancia de sus anhelos de recuperar el espacio perdido de su política exterior en Suramérica y conseguir alternativas más flexibles en su política comercial. Sin embargo se reiteró que “definitivamente no hay que ver a esta instancia como algo excluyente de la OEA, de ninguna manera. Más bien, como algo complementario, como dos esfuerzos que se deben complementar y ayudar a fortalecerse”, dijo la secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa. En efecto, la crítica pertinaz a la OEA pareciera el denominador común del nuevo organismo. Crítica esgrimida bien por la inacción preventiva en algunos casos como en la crisis hondureña (nación latinoamericana que no fue invitada a esta Cumbre ni a otras como la Cumbre Iberoamericana[2]), bien por la intrascendencia ante las crisis humanitarias como la de Haití, o bien por la parcialidad infructuosa tal como la crisis colombo-ecuatoriana del 2008 lo puso en evidencia. De igual manera existe una agenda de temas que su tratamiento en el seno de la OEA ha sido denunciado no en pocas ocasiones como inocuo: promoción del comercio intra-regional, combate efectivo contra la pobreza, la inserción de la región en la resolución de la larga crisis financiera mundial, derechos humanos y gobernabilidad democrática. En estos tópicos habría más o menos cierto margen de consenso.

¿Qué Creamos en Cancún 2010?

Se trata de un Foro Social? Una Nueva Alianza? Una nueva Cumbre de Jefes de Estados? La preocupación generalizada no declarada es precisamente acerca de los procedimientos. En el documento suscrito no plantea con certeza alguna sobre lo que será este organismo desde el punto de vista institucional. No se define periodicidad, ni jefatura, ni competencias sobre los países signatarios. Se afirma que la región precisa de una instancia de concertación política de 32 países con representación igual aunque de disímil participación, pero que a su vez sea una institución ligera, que no represente más cargas financieras para los países, con flexibilidad en sus competencias: una declaración de intención que despierta aún muchas dudas si tomamos en cuenta la realidad reciente. En efecto, a la fecha América Latina es la región del planeta con más organismos regionales inter-estatales con 27 entidades multilaterales del más diverso signo temático. Entre 2007 y 2008 han habido 40 Cumbres, 857 puntos de acuerdos y centenares de discursos emotivos, en lo que pareciera el reality show de simpatía presidencial más costoso del mundo.

Cada país ofrece su aporte para una continental dispersión temática y pocas medidas vinculantes concretas. Pues al salir de la sesión ratifican la importancia fáctica de la dinámica multilateral, dado el poco nivel de coordinación entre las Cumbres, el precario seguimiento de los acuerdos e inexistencia de otros factores nacionales que pudieran representar la continuidad de alguna iniciativa internacional si alcanzan algún acuerdo. Por otra parte existe un aspecto táctico de gran peso de cara a la próxima reunión de la CALC en Caracas, los países y el Caribe numéricamente son mayores a las delegaciones de la región andina y el Cono Sur, por lo que estos países pequeños pudieran decidir con cierto margen de independencia a los países emergentes del sur del continente, lo cuál pudiera ser el ámbito de lobby diplomático por atacar para los más entusiastas simpatizantes de la comúnmente denominada “OEA sin los EEUU”.

Una alternativa sagaz ha sido planteada por el Secretario Permanente del SELA Dr. José Rivera Banuet, quién ha propuesto que sea precisamente este organismo el articulador de la agenda de trabajo de la CALC, dada su condición de organismo eminentemente latinoamericano, de funcionamiento autónomo y cuya actuación no ha tenido ninguna presencia extrarregional desde hace 35 años. Con lo cual prever un mayor aprovechamiento de los avances y las experiencias de otros foros regionales como el Grupo de Río, para evitar la amenaza que implica empezar de cero un organismo que aspira convertirse en la tribuna política de la región de varias áreas polémicas como cooperación, seguridad, comercio, promoción de la democracia etcétera. Sin embargo, este planteamiento no ha gozado del apoyo de algún país de momento, probablemente en próximas reuniones que organizará el SELA puediera suscribir el apoyo de algún grupo de países.

En el ínterin, el debate sigue abierto.

En la actualidad la falta de mecanismos de compromisos para la actuación regional, más allá de los avances mostrados recientemente por el Grupo de Río ante determinadas circunstancias de necesario acercamiento político, ha sido la característica predominante. Antecedente poco alentador de cara a la creación de otro organismo destinado a la integración regional, iniciativa que ha recibido duros cuestionamientos desde Chile (país que preside el Grupo de Río), Perú (país que además tiene compromisos comerciales con la APEC) y Brasil (países que aportan más del 70% del financiamiento de la OEA) quienes vislumbran en la CALC la pérdida de poder relativo de sus avanzadas gestiones de interlocución política con los Estados Unidos. Esto último es una señal inequívoca de no renunciar al debate y de fortalecer más bien las instituciones y normas concertadas hasta hoy, lo cual comienza a registrar una fuerte pugnacidad por la aspiración del bloque ALBA de troquelarle un modelo doctrinario ideológico, que a su pesar no goza del respaldo del conjunto de naciones latinoamericanas.

La historia contemporánea de la integración latinoamericana, siempre ha tenido que lidiar en el tándem diversidad – unidad, mostrándose nuestra indisposición a convivir con la heterogeneidad y forzar la unidad dentro de la región, lo cual necesariamente ha desatendido sistemáticamente las agendas locales y ciudadanas. Por otra parte, encontramos una enorme preocupación de nuestros gobiernos (sobretodo los autodenominados “progresistas”) de qué tan unidos, soberanos y autárquicos nos ven en el mundo, sin ocuparse por lo básico que es precisamente los aspectos socio-demográficos de la integración, entre otros temas fundamentales como el seguimiento a los acuerdos comerciales, protección de inversiones entre muchos otros. En consecuencia, sigue abierto el debate en el marco de una gran decepción con el funcionamiento de la institucionalidad hemisférica, pero a su vez se vislumbra el interés de fortalecer y dinamizar aún más los avances institucionales que se han dado en la región y mejorar “desde adentro” las condiciones del diálogo interamericano sin necesidad de prescindir, vetar u omitir a algún país determinado. Precisamente para algunos mandatarios prescindir de un espacio de interacción con los Estados Unidos, niega posibilidades de resguardo de intereses económicos y políticos. Situación que difícilmente sería revertida con otra organización -que sin estar integrada complementariamente con la OEA- pretenda rivalizar con espíritu de trinchera las relaciones con los Estados Unidos de América y con ello también el resguardo de nuestros intereses compartidos.

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DECLARACIÓN DE CANCÚN. 2010

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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