Latinoamérica gira hacia el centro[?]

Por Michael Shifter.

Foreign Policy en Esañol (agosto-septiembre 2010)

Una de las regiones con más tensión ideológica del mundo se pasa al pragmatismo. Con la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, los observadores quizá se sientan tentados de proclamar una nueva era política en América Latina. El conservador Juan Manuel Santos ha sucedido a Álvaro Uribe, el presidente más de derechas de Suramérica en los últimos años. Si a eso se añade la reciente elección en Chile del conservador Sebastián Piñera y la posible victoria en Brasil del candidato presidencial de igual ideología José Serra en las elecciones de octubre, sería fácil suponer que, cuando todavía no hace ni 10 años que Hugo Chávez y Evo Morales empujaron la región hacia la extrema izquierda, Latinoamérica está regresando hoy hacia la derecha.

Pero la realidad es más compleja. El Barómetro Latinoaméricano, un sondeo de opinión pública comparada que sigue la pista de las actitudes políticas desde 1995, revela que, en todo caso, la región ha dado un giro pronunciado hacia el centro. En 2002, el 29% de los habitantes de América Latina se identificaban como centristas; en 2008, esa cifra había subido al 42%.

No es extraño, dada la historia del continente, que se haya impuesto cierta dosis de moderación política en tiempos de prosperidad. En las décadas de intromisiones y dictaduras militares durante la Guerra Fría del siglo XX, América Latina era un lugar de enorme tensión ideológica. En nuestros días, la región se deja guiar más por el pragmatismo que por unas creencias. Casi todos los candidatos, tanto los teóricamente de izquierdas como los teóricamente de derechas, están más o menos de acuerdo en las políticas económicas y sociales. Por supuesto que la ideología no ha desaparecido, pero tiene menos importancia que la capacidad real de los Gobiernos de administrar sus respectivos países.

En muchos casos, la izquierda y la derecha comparten una continuidad general y cierta previsibilidad en aspectos económicos, de seguridad y de política social. En las elecciones es posible aún discernir las diferencias, pero los vínculos de Latinoamérica con el resto del mundo, la confianza cada vez mayor que tiene en sí misma y el crecimiento de su clase media han atenuado la brusquedad de los cambios políticos. Los ciudadanos votan en función de la actuación de los Gobiernos, su capacidad de resolver problemas acuciantes como el crimen y el desempleo, además de por el carisma, el talento político y el atractivo general de los candidatos. No tienen tan en cuenta en qué parte del espectro político están.

En los comicios colombianos, por ejemplo, había escasas diferencias en las políticas económicas y de seguridad fundamentales entre Santos y su principal adversario, el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus. La distinción entre los dos era sobre todo estilística. Las elecciones de Chile vieron una coincidencia similar entre Piñera y el candidato de la coalición de centro izquierda, el ex presidente Eduardo Frei. Aunque es un político “de derechas”, Piñera está comprometido con el programa de salud y educación llevado adelante por los ex presidentes Michelle Bachelet y Ricardo Lagos, ambos socialistas.

En Brasil, también, las disparidades políticas entre la izquierdista Dilma Rousseff -la candidata impulsada por el presidente saliente, Luiz Inácio Lula da Silva- y Serra son bastante modestas en conjunto. Serra incluso está proponiendo la ampliación de Bolsa Familia, el programa brasileño de transferencia de dinero para luchar contra la pobreza que ha sido uno de los pilares del Gobierno de Lula. Las diferencias en política exterior son más claras -Serra prefiere unas relaciones menos íntimas con Venezuela e Irán-, pero ningún candidato serio puede renunciar a la influencia de Brasil en el mundo.

Cuando han aparecido candidatos más radicales en el continente, ha sido en gran parte porque las instituciones políticas tradicionales se habían venido abajo y sus predecesores estaban desacreditados, no porque los latinoamericanos se hubieran vuelto de pronto de izquierdas o de derechas. Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Correa en Ecuador llegaron al poder en circunstancias así. Una vez en su cargo, los reeligieron porque el descontento acumulado era muy profundo, no habían surgido alternativas atrayentes y algunos de sus programas sociales habían tenido un éxito relativo. También ayudaron las enmiendas constitucionales para aumentar su autoridad ejecutiva, reforzar el control político e inclinar el campo de batalla a su favor.

Pero estos socios de izquierdas no deben dormirse en los laureles; la opinión pública puede dar la vuelta con mucha facilidad si las políticas empiezan a fracasar. La popularidad de Chávez, por ejemplo, está en su punto más bajo en siete años, debido, en parte, a la mala gestión económica. Y tal vez el fenómeno más inesperado en las recientes elecciones de Chile y Colombia fue la aparición de rivales como, respectivamente, Marco Enríquez-Ominami, ex miembro del Partido Socialista, y Mockus. Estos dos candidatos dejaron clara la existencia de un deseo creciente de tener una política más abierta y nuevas formas de enfocar los problemas, sobre todo entre la juventud latinoamericana.

Santos, que es un político astuto, ha captado el mensaje que representó Mockus. Desde que salió elegido en junio, se ha distanciado de Uribe y ha adoptado un tono menos batallador, con llamamientos constantes a la “unidad nacional” y un gabinete extraordinariamente independiente. Santos es un defensor de la llamada Tercera vía que en su día articularon Bill Clinton y Tony Blair, un intento de conciliar las políticas de libre mercado con los ideales socialistas. ¿Convierte eso a Santos en alguien de centro izquierda o de centro derecha? Colombia espera que lo convierta en un buen presidente.

Enlace original aquí

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

4 thoughts on “Latinoamérica gira hacia el centro[?]”

  1. Excelente artículo!
    Venezuela no se queda atras en este tema. Si observamos el desarrollo del panorama político en el último año, empieza a perfilarse un tímido movimiento al centro.
    Recientemente, el PPT dió un paso al frente al distanciarse de las políticas y posturas más extremas del PSUV, partido gobernante. Por su parte, en el sector opositor, el movimiento Voluntad Popular viene realizando un trabajo de base muy interesante al cual hay que prestar atención en los próximos meses y no perderle la pista.
    Si algo tienen en común estos dos partidos uno que podría decirse de “izquierda” y otro de “derecha”) es que no son muy bien vistos, entendidos o aceptados por aquellos sectores políticos que requieren posturas de “Todo o nada”, de “Estás conmigo o en mi contra”. No es de extrañar que a pesar de sus diferencias ideológicas, ambos grupos puedan nuclearse para fines específicos tomando en cuenta una situación política coyuntural que, por una parte los excluye y, por otro (nada mas y nada menos)representa el sentir de la mayoría de la población venezolana: diálogo, paz, buena gestión, etc.
    Creo que la gente se está cansando de que los políticos adapten la realidad a sus ideas (o a sus intereses) y demanda más bien que estos se adapten a la realidad, a las necesidades que requieren ser subsanadas.
    Siento que las posturas de centro son las que más tienen asidero, por muchas razones que requeririan de otro comentario posterior. Sólo dejo en el aire esta reflexión: si todos los seres humanos tenemos ideas diversas, lo cual nos iguala ¿no es LÓGICO que los gobernantes busquen incluir en sus gestiones de gobierno la pluralidad como un valor fundamental? Porque si el gobierno es para todos ¿como entender que un gobierno gobierne para unos y no para otros sólo porque tienen visiones diferentes de la vida? Eso sería como negar la naturaleza de la humanidad misma

  2. Paco, gracias por tu interesante comentario. Este fenómeno “centrista” es habitual en las historia pendular de la región, de las décadas autoritarias, pasamos al estatismo cepalista, para luego asumir el neoliberalismo y así regresar al neopopulismo de izquierda etcétera. Si bien es muy incipiente este fenómeno, tiene expresión en lo que señalas (cierto cansancio social a los extremos) pero que ciertamente no termina de movilizarse electoralmente. Pareciera muy difícil, la sostenibilidad de un tercer sector, en países con tan larga tradición bipartidista como el nuestro. Sin embargo, como bien señalas, no hay que perder de vista estos sectores de la comunidad política de nuestro país.
    Un fuerte abrazo y ya sabes que cuando quieras el IDEAL puede ser también tu herramienta de divulgación intelectual. Un abrazo.

  3. Desde una perspectiva de “brasilianista” sólo quiero remarcar dos discrepancias con el autor: 1) hoy Serra pierde en Brasil, e incluso se habla de una posible derrota en primera vuelta, lo que antes era inédito; 2) Serra no es de derecha, sino que es el exponente de la social-democracia brasileña (se exilió en Chile tras el golpe del 64, fue detenido en el Estadio Nacional de aquél país, está a favor de la intervención del Banco Central, etc.)

    Sobre la cuestión izquierda-derecha en la región, coincido en que Santos y Piñera estén ubicándose más al centro, pero aún así son dos excepciones a una tendencia regional que apunta hacia una centro-izquierda.

    En Brasil el PT y el PSDB disputan ese espacio, hace años que el PT ya dejó de ser una izquierda en el sentido estricto de la palabra. En la Argentina, donde se disputan las presidenciales el año próximo, el electorado parece moverse en ese mismo sentido, con un candidatos moderados como el vicepresidente Cobos, Ricardo Alfonsín, y el ex gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann. Pero si utilizamos “centro” en un término amplio (abarcando centro-derecha, centro, centro-izquierda) entonces Piñera y Santos entran también aquí.

    El término “derecha” sigue siendo una mala palabra en la región, el caso colombiano es un fenómeno que obedece a una coyuntura muy particular. Es interesante señalar como la que parece estar en crisis hoy es más la derecha que la izquierda a nivel regional, a diferencia de la década del 90. Ni en Brasil ni en Argentina un candidato que busca ocupar un cargo electivo dirá abiertamente que pertenece a aquélla franja ideológica.

    En síntesis, creo que tras el cimbronazo político-económico del Consenso de Washington en la región, la primera reacción parece haber sido hacia una izquierda pura, pero transcurridos 10 años, aún con la derecha percibida como un fantasma o mala palabra para el electorado, el centro en sentido amplio parece haberse tornado en la principal opción política mantendiendo una equidistancia del radicalismo de las dos opciones ideológicas.

  4. Amigo Rodrigo, como siempre es un gustazo verte por estos “no-lugares” (como lo prefieren llamar algunos post-modernos “conservadores” jeje). Tienes mucha razón, el artículo puede plantear muchas conjeturas discutibles, pero sin dudas alimentan un debate que he estado esperando desde que me gradué de mi extendida “old fashion -cold war- school”: ¿y después de las transiciones, las ideologías y los populismos qué?
    Tu perspectiva brasiliana es muy reveladora sobre la importancia de los matices y que las tendencias no son tan predecibles como 15 años atrás. Asimismo, leyendo este artículo nos encontramos con el problema de las etiquetas: ¿si fuiste perseguido por mlilicos en los 70 eres de izquierda? ¿si pides proteger la propiedad en los 90 eres de derecha? ¿si exiges transparencia gubernamental en el siglo XXI eres de centro? Creo que muy pocas veces superamos los “lugares comunes” de la prensa para tal o cual categoría, por eso creo que el debate de estas “vainas” es más que un derecho…
    Particularmente en los países andinos, comienza nuevamente a vivirse la “post-resaca refundacionista” de los radicalismos, pues vimos que cambiar la constitución fue un fetiche simbólico, que facilitó más bien un cambio de élites por otras, pues la reforma agraria, la protección de las minorías o las políticas medioambientales siguen siendo en buena medida “saludos a la bandera”. (Hoy Bolivia importa el gas que antes exportaba, Ecuador mantiene en el ministro de economía un gran huésped bilingüe y Venezuela sigue siendo cada día más petro-dependiente)
    Si bien la pugnacidad ideológica, ha sido particularmente enconada en nuestro lado del mundo, la formación ideológica de nuestros élites (tanto las tradicionales como emergentes) es tan acomodaticia a las tradicionales prácticas clientelares-patronales del viejo caudillismo, que en algunos casos hablar de ideologías para examinar tal o cual candidatura es un mero anécdota.
    Con el prof. Shifter discrepo también sobre los orígenes de la ola izquierdista en la región, lo cual parece más un recurso retórico para hacer ver la “inminencia” de un eventual giro al centro (por eso puse entre corchetes el signo de interrogación en el título). Nuestro ADN socializador está muy arraigado de la “izquierda indiana” en su versión más agraria y federal (cosa que le es muy difícil ver a los autores conservadores, que siempre ven a la izquierda como una implantación de un oriente soviético que hoy ni existe).
    Por otra parte, en Colombia no es cierto que las diferencias sobre el tema de seguridad entre Mockus-Santos sean simplemente de estilo, estos tipos de electorados siguen sobre-valorando al “líder de mano dura” y que aunque se equivoque “siempre debe tomar partido”: allí la inmensa diferencia entre uno y el otro, sobretodo en un tema que ya casi ni causa debate.
    Es verdad que existen puntos de gestión pública que sean poco “ideologizables” (vialidad, salud, seguridad, transparencia) pero el que un sector del electorado cada vez más grande exija probidad en la gestión, medidas más eficientes y menos discursos rimbombantes, no es óbice suficiente para hablar de centralización del desempeño, precísamente en una región caracterizada aún por tener en nuestros políticos grandes encantadores de serpientes y mercaderes de utopías. El mito fundacional, la retórica patriotera, el simbolismo de los pobres y el personalismo tienen ya dos siglos de raigambre popular. Por eso -como se lo comenté anteriormente a Paco- prefiero ser cauto a la hora de ponderar estas “tendencias”.
    Un fuerte abrazo y sigo a la espera de volver a leer tu producción intelectual en esta que es tu casa.
    Saludos

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