Asomado a la ventana en pleno tránsito a la modernidad: comentario al documental Edifício Master.

Ciertamente el cine documental -en una área tan proclive a los condicionamientos directos en la cultura audiovisual como la nuestra- luciría tan curioso como un joven boliviano en la fila de inscripción de un torneo internacional de surf. Sin embargo es innegable, que el potencial interpretativo no condicionado de este género, nos hace sentir mucho más libres de las expectativas del director, del guionista o del especialista en efectos especiales. Es una pena, que en Venezuela exista aún tan poca cultura cinematográfica de este género audiovisual tan potente en términos comunicacionales. Recientemente disfruté de un film, que lejos de grandes referencias previas, me cautivó con su lenguaje genuino y real, despertando esa fibra de inquietud emocional de las historias de vida: Edifício Master.

Por sugerencia de mis amigos del Instituto Cultural Brasil Venezuela tuve ocasión de conocer de la existencia de esta película del 2002, que en un primer momento no estuvo prevista ni remotamente en mis expectativas de la muestra cinematográfica a presentarse en la USB (del 18 al 23 de octubre). De hecho esta película es la única de tipo documental. Se trata de un documental dirigido por Eduardo Coutinho, escritor, actor y director fascinado con mostrar la forma directa de la vida ordinaria y extraordinaria de los habitantes de Copacabana, “barrio-mundo” de Río de Janeiro. En la producción de Edifício Master, el director y su equipo se mantuvieron durante tres semanas viviendo en un edificio con 500 habitantes aproximadamente y situado a una calle de la playa, en una zona de la ciudad considerada de “rica”. Una de sus intenciones fue llegar a promover una “ambientação” entre el equipo de producción y los habitantes del edificio, los verdaderos protagonistas del film de principio a fin.

En total son 37 historias, que incluso en el menú del DVD, te dan la posibilidad de verlas de manera aleatoria como forma de confirmar la autenticidad y no linealidad de la película en su conjunto: uno de los recursos más explotados por los documentalistas y del que prescinde sin mucha preocupación el director. El prescindir de estos lineamientos argumentales entre historia e historia, nos habla de una experiencia casi etnográfica y de absoluto gobierno democrático de los protagonistas sobre la dirección del film.

Historias que nos muestran una perspectiva socio-cultural amplia de la sociedad carioca: vemos gente real sin pose alguna, en la mágica extensión de su diversidad y en el hábitat humano de sus contradicciones. Entre esas historias me quedaron episodios interesantes como el de Cristina (en la gráfica) que veía en el dinamismo urbano de Río una sensación terrorífica, claustrofóbica y ensordecedora. También está el testimonio de la artista introvertida (Daniela) que aunque neurótica y sociofóbica aterrada por la aglomeración típica de Copacabana, es virtuosamente capaz de expresar -a través de su poesía en inglés- un reclamo reivindicativo del encierro que sufre la “cultura del tercer mundo”:

Opium Dreams (Sueños de opio)

Campos tan verdes

Mente brillante

futuro brillante

si la alcanzan, vuélvanla una escultura

o libérenla de la cultura del tercer mundo”

(Traducción libre propia)

También figuraban los testimonios realistas, como el de María Pía una española quien desde su perspectiva de emprendedora inmigrante, matizaba la concepción habitual que se tiene sobre la pobreza y aseguraba -con su verbo llano- que la primera dificultad para superarla es revalorizar la cultura del trabajo y mantener el coraje para resolver los problemas, superando así la pereza. Aspectos que no veía en su entorno social, especialmente entre los jóvenes de su comunidad. De igual manera, pero con mayor histrionismo estaba la entrevista de Sérgio (el administrador del condominio) quien manifestaba abiertamente su felicidad por las mejoras en su comunidad, aunque tuviese que plantear en varias ocasiones su versión “Pinochet”. Con su mirada persuasiva, nos recordaba que “la realidad es el funeral de las ilusiones”.

La película en su conjunto es como una mirada por la ventana de un tren llamado “modernidad urbana” , que nos muestra sus encantadoras ficciones y sus más inspiradoras contradicciones. Algunos comentarios caracterizaban esta sensación como el de Henrique, quien se emocionaba en el recuento de su vida y mientras sentía un gran orgullo al cantar el “my way” de Sinatra. O como también el de José Carlos (quien tuvo además la gentileza de recibir a su entrevistador con una humilde bandeja de comida) que comentaba grandes antinomias sobre la convivencia entre su morada del norte previa y su experiencia en el edificio: cuando él volvía a su antiguo barrio, sentía discriminación porque decían que al irse a esa región de Río el se había convertido en un tipo “rico”. Sin embargo, él extrañaba la calidez y la cercanía de aquel barrio humilde, mientras relataba cómo a pesar de la proximidad física de los apartamentos, la socialización no era mínimamente fluida, al punto de que pocos se enteraron de la muerte de uno de los habitantes del edificio sino mucho después del hecho cosa impensable en los barrios más humildes de la ciudad.

Esta contradictoria sensación de mientras más urbanos y más proximidad tienen nuestras moradas, más solitaria puede ser la vida la dejaba entender también el testimonio de Fabiana. Esta bella joven relataba cómo escuchaba sobre una niña de nombre Tainá por los regaños de su madre, a través de las paredes, y a quien en ocasiones la escuchaba llorar. Fue luego de 4 meses que pudo conocer a la niña, gracias al incidental llamado punitivo de su mamá a la salida del ascensor. El hecho de vivir físicamente cerca, no necesariamente propicia la sociabilidad.

Toda la película muestra la heterogeneidad de la vida urbana, pues tienen voz los ilusos, los realistas, los desesperanzados, los desamparados, los felices, los vencedores, los austeros, los tristes, los desempleados, los olvidados, los talentosos, los resentidos, los enamorados…Una joya documental para los amantes de las historias de vida. Una frase podría caracterizar la películaEdifício Master: la diversidad es compatible con la coexistencia.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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