Interpelación a Cadivi

Por Luís Carlos Díaz. Todavía crece el samán con el que se hará el enorme banquillo que necesitaremos para interpelar a Cadivi por los desmanes cometidos contra el mundo digital venezolano. Las más de 30 ediciones de esta Hoguera han narrado cómo la socialización de las nuevas tecnologías cambian el mundo, pero poco se puede correr con esta pata hinchada: Cadivi merecería una interpelación en la que turistas varados, estudiantes sin presupuesto y personas afectadas por el control de cambio tenga 5 minutos de micrófono.
Para ser justos y que además algunos extranjeros entiendan cómo se baila este son, hay que explicar que la Comisión de Administración de Divisas hace su trabajo eficientemente: su misión parece que es entorpecer el flujo de dinero y hacer más difícil la adquisición de bienes no producidos en el país. De macroeconomía, desconfianza y fuga de capitales que se encarguen otros; la bancada de los infociudadanos tiene algunas observaciones sobre Cadivi que merecerían una sesión en la Asamblea Nacional:
– ¿Quién definió que 400$ de cupo anual para gastos electrónicos era suficiente? ¿Por qué no más? ¿Hay algún estudio al respecto? Algunas personas que deben pagar servidores, dominios, cuentas profesionales y otros gastos de mantenimiento de plataformas digitales han tenido que cerrar o migrar porque los 400$ no alcanzan. Los emprendimientos web y esas cosas que otros países usan para impulsar su economía, aquí tienden a cero.
400 dólares al año no son suficientes para que a través de compras electrónicas una persona o una pequeña empresa actualice sus equipos de trabajo. Pregúntenle a un fotógrafo profesional si su cupo viajero de todo un año sirve para comprar una camarita, que además no fabrican ni ensamblan aquí. Con ese cupo a ciertos ministros no le alcanzaría para comprar su iPad 2. Tampoco es viable adquirir esos productos en el país porque se venden a un dólar calculado a tres y cuatro veces su valor, sin que Cadivi o el Indepabis pongan orden. Por ejemplo, acabamos de comprar 7 libros sobre tecnología por 100$, que al cambio es menos de lo que cuesta uno solo de esos libros en Venezuela, si se consigue. ¿Pueden explicarlo?
– ¿Por qué la web de Cadivi es tan mala? Ya era suficiente maldad ponernos a consumir más papel y recordar la primaria en el corta-pega de las carpetas. También la web Cadivi se ha esforzado por ser engorrosa: mantiene dos direcciones (.gob y .gov), luce un diseño de los 90’s poco amigable, da errores de seguridad en los navegadores más comunes como IExplorer, Firefox y Google Chrome, lo que afecta a los usuarios más novatos. También siguen un mal criterio de uso de documentos con formato .pdf y .doc (violando el decreto de uso de software libre) y tienen manuales de más de 150 páginas. Complican procesos, prefieren títulos largos y enredados que desorientan a los usuarios en sus procedimientos, se ahogan en burocracia y prefieren no usar la gran pantalla interactiva de VTV para darle clases en vivo al pueblo sobre cómo usar la página. Afortunadamente mejoraron parte del sistema interno para los usuarios y eliminaron los “horarios” y días para conectarse. Si no, seríamos aún más el hazmerreir de los congresos de Gobierno Electrónico.
– ¿Afectó Cadivi el desarrollo de las telecomunicaciones? Una nota de prensa indica que en 2010 Cadivi aprobó 1.055 millones de dólares para el sector telecomunicaciones y 619,8 millones en 2009. Eso pareciera un crecimiento. Sin embargo, otra nota indica que en el año 2007 se autorizaron más de 2.000 millones de dólares para el mismo sector. Es decir que ni siquiera se ha recuperado el sector. Lo que pasó en ese descenso fue el cambio de productos que podían ser importados sin el Certificado de No Producción Nacional a la otra lista que sí lo requería. Más burocracia. ¿A eso le debemos nuestro estancamiento en ancho de banda? Tenemos más conexiones a Internet, pero no conexiones más anchas. ¿Se importó lo necesario? ¿No pudimos crecer más?
– ¿Por qué excluir a la mayoría del pueblo? Para hacer compras electrónicas se requiere una tarjeta de crédito, instrumento que sólo está disponible para una minoría. El argumento favorito es que la gente pobre no necesita comprar en Internet, pero eso es falso si sabemos que vía web pagarían menos de la mitad por un celular o una computadora portátil, que significa apalancar sus procesos educativos en casa. La tarjeta prepagada sí era un sistema incluyente.
Que ésto lo sepa la gente no es un pecado, que el Estado no lo facilite, sí.

Enlace original aquí

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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