AN aprobó en seis meses sólo dos leyes de las 25 que tenía en agenda

La Verdad. La falta de sesiones del hemiciclo lo convierten en el más inoperativo de América Latina. Los temas debatidos responden a interés partidista y no colectivo.

Por Gabriela Moreno. Es un púlpito en estado de somnolencia. Su dinámica es una lucha entre bostezos y suspiros. Fernando Soto Rojas, presidente de la Asamblea Nacional, podría dar fe de esta batalla. La libra cada semana. La productividad escapó del salón elíptico. Ahora funciona como alcoba para las denuncias de corrupción.

Cada mes sólo cuatro veces los micrófonos de la plenaria se encienden, pero los derechos de palabra están limitados. Cinco minutos para cada diputado. El debate no la caracteriza. Sus responsabilidades como órgano contralor y legislador reposan sobre la sombra de la revolución desde el 5 de enero. Una revisión a sus actividades durante el primer semestre del año lo demuestra.

Desde su instalación las sesiones no llegan a 30. La mitad en comparación con años anteriores. El número de leyes aprobadas raya en la “ineficiencia”, según Carlos Vecchio, presidente del Observatorio Parlamentario. Tan sólo dos instrumentos están sancionados hasta la fecha, a pesar de que la agenda anual fue planificada con 25.

Las irregularidades rondan los procesos. El oficialismo marcó la pauta. Aprovechó que es mayoría para “acostar a disposición del Ejecutivo la Asamblea y obligarla a cumplir todos sus caprichos”. Hechos lo constatan. El primer proyecto discutido y sometido a votación fue la ley contra la discriminación racial. Estaba incluido en el paquete de las normativas para este año, pero la Ley de Endeudamiento no estaba contemplada. Lo político privó.

El Ejecutivo impuso las directrices. Dejó en evidencia el uso de la Habilitante para marcar la agenda al “colar de manera clandestina lo que necesita”. La situación “desvirtúa la separación de poderes y asemeja al Gobierno a un régimen monarca que decide todo en un cuarto oscuro sin consultar a la gente”.

Los temas insertados por la bancada roja en la agenda no unen. Apostaron por la división. Tampoco están relacionados con los problemas de la población porque sus actuaciones “defienden a un partido”. Casos como el “maletinazo” de Antonini Wilson, el presunto narcotraficante Walid Makled o la pérdida de alimentos de PDVAL la directiva no acepta revisar. “Se habla de las ausencias de Hugo Chávez, de su enfermedad o de cualquier cosa menos del país”.

Sobre este punto las matemáticas hablan. De los 425 debates y acuerdos registrados en el hemiciclo desde 2006 hasta 100 ninguno se refirió a la inseguridad o la crisis eléctrica, pero sí “del caso de los cinco héroes cubanos prisioneros del imperio de Estados Unidos”.

Este año el escenario es similar. Aunque los ministros desfilaron para rendir cuentas, la discusión perdió seriedad, a juicio del titular del Observatorio Parlamentario porque no se ofrecieron respuestas sobre el caos en las cárceles o la falta de inversión el sector eléctrico. La fracción roja es “una barrera para que se debatan temas comunes”.

Puro discurso 

“El pueblo pa&39; la Asamblea” se quedó en discurso. Carlos Vecchio así lo percibe. “Ni siquiera los diputados van porque el Presidente es quien tiene la potestad para legislar sobre los asuntos de interés nacional como seguridad, servicios y vivienda”.  Es mentira que exista mecanismo de participación porque las decisiones “son inconsultas”.

Las sesiones sirven para exponer de forma pública la fidelidad partidista, la lealtad militante, antes que un ejercicio interpretativo de conciencia de cada diputado, en el que pueda aceptar al otro. La consigna pareciera “negarlo todo” o “no reconocer responsabilidades” y -si se presenta la ocasión- “humillar al otro con algo oscuro de su pasado”, apuntó Xavier Rodríguez Franco, analista político.

No es novedad 

La práctica de filtrar lo político en la plenaria no es nueva. En 2009, 17 instrumentos sancionados dieron “un golpe” a las gobernaciones y alcaldías, al limitarles el poder político, competencias y recursos con la reforma de ley de descentralizaciónparaconcentrar en el Gobierno nacional la administración de puertos, aeropuertos y carreteras.

Otras cumplieron con un objetivo similar, declaró Vecchio. Entre ellas, la Ley del Consejo Federal de Gobierno, la derogatoria de la Ley del Fides y  LA,  la modificación de la Ley del Poder Público Municipal, para suspender elecciones de concejales, la supresión de la potestad de los estados para la designación del contralor del estado y la modificación de la Ley Electoral para eliminar el principio de representación proporcional.

“Desde la Asamblea se tuerce lo que se quiera, hasta la pluralidad política que es tan necesaria para que todos nos sintamos representados y para que cada quien pueda tener espacio en Venezuela”. Criticó que se “malgaste el tiempo” en regresar a los sucesos del 11 de abril de 2002 o analizar las causas de rebeliones sociales del pasado, y que se paralice al Poder legislativo si al comandante no le convienen “las alharacas de los diputados de la Mesa de la Unidad”.

El más silencioso

La reducción de actividades convierte a la plenaria nacional en una de los más “inoperativas de América Latina”, explicó Carlos Vecchio, para quien reducir el quórum semanal de dos a uno afecta la institucionalidad, “no porque el número de leyes que se hacen sea bajo sino por su calidad. En otros países la discusión es sana y se generan  puntos de coincidencia para atender al pueblo pese a las diferencias”.

El trabajo de los diputados está cerca de quedar “nulo” en comparación con los senados y cámaras de Colombia o Argentina, cuyos encuentros son “casi a diario”. Lo único que impide dilapidar las funciones son las reuniones obligadas que efectúan las comisiones.

“Dignificar a ese paso a los venezolanos será difícil cuando el Poder público está un poder público soñoliento”. Negociación es la opción que Francisco Alfaro, politólogo, considera viable para que la polarización en el hemiciclo no caiga en estériles controversias ni se sumerja en un letargo.

Legislación improvisada

Aunque la agenda parlamentaria 2011 programó la discusión de 25 leyes, en el primer semestre sólo dos fueron aprobadas, la de discriminación racial estaba incluida, la de endeudamiento no.

Entre 2006 y 2010, de las 153 leyes aprobadas sólo 45 estaban en agenda, es decir, el 70 por ciento de las normativas sancionadas no fueron planificadas.

Se delegó en el Presidente por mayor tiempo y cantidad de materias la función de legislar que cualquier otra Asamblea Nacional (Ley Habilitante 2007/ Un año y seis meses)

Sin contraloría

·Hasta la fecha la Asamblea Nacional no debate sobre los presuntos casos de corrupción, entre ellos, el del presunto narcotraficante Walid Makled ni el de Antonini Wilson por el “maletinazo”, PDVAL, ni las gestiones de los dirigentes oficialistas Juan Barreto y  Diosdado Cabello.

Revisar las donaciones que el Ejecutivo efectúa en el exterior tampoco es incluido entre los puntos de discusión de la plenaria.

De los  425 debates entre 2006 hasta 2010 ninguno se relacionó con los problemas de inseguridad, crisis carcelaria y eléctrica .En las 20 sesiones del primer semestre de 2011 el escenario se repite.

Enlace original aquí

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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