Transparencia administrativa y calidad democrática

Por Ricardo Rivero. Universidad de Salamanca. ¿Qué está pasando en el mundo para que desde Egipto hasta Islandia sistemas políticos aparentemente  sólidos se pongan radicalmente en cuestión por sus ciudadanos? Pues lo que está sucediendo es que por fin la llamada sociedad de la información y el conocimiento empieza a funcionar como tal, gracias a iniciativas disidentes como wikileaks o a movimientos tan triviales como facebook, que incrementan exponencialmente  los flujos de datos y opiniones entre personas hartas de dejarse engañar por sus gobernantes.

En este escenario, la reivindicación de una Ley de Transparencia en España resulta un sarcasmo anacrónico y vergonzante. Hace treinta años nos hubiera permitido saber mucho  más de nuestro pasado dictatorial, generando al tiempo una cultura de control difuso preventiva de males tan presentes como la corrupción. Pero hoy, tras treinta y tres años de insuficiente cumplimiento del mandato constitucional, no basta con una norma jurídica. Es preciso un cambio total de la arquitectura informativa del poder.

¿Estamos conformes con el rendimiento democrático de las leyes de acceso a información aprobadas en varios países americanos? Desde México a la República Dominicana se ha copiado con variaciones  la Ley  Federal de los Estados Unidos, pero sin contexto suficiente para conseguir el resultado deseado de incrementar el control de los gobernantes. Ni las entidades  creadas para realizar el derecho presentan total autonomía ni las administraciones están preparadas para poner a disposición de los ciudadanos sus secretos.

La Ley de Transparencia se convierte en un señuelo cuando no viene precedida de una adecuada preparación de la información pública para hacerla accesible. No deja de ser paradójico que se disponga de estas leyes sin regulación previa de los archivos o los papeles administrativos.   Poner el carro delante de los bueyes no suele funcionar, aunque también es posible que en realidad se pretenda dejar todo como está, aliviando a las gentes diciéndoles que la Democracia es mejor que antes.

Para lograr la calidad democrática, en España y América, necesitamos iniciativas distintas. En primer lugar, ciudadanos verdaderamente interesados en desmentir su aspiración de modernos a ser representados por especialistas de la política (impulso participativo). En segundo lugar,  un  cambio cultural que trastoque nuestro pudoroso sentido de la intimidad, obstáculo serio a la divulgación de muchos datos del Gobierno. Y no menos importante que lo anterior, un periodismo más especializado en el seguimiento de los escándalos administrativos.

Sin asociaciones de ciudadanos dirigidas a controlar la Administración, reinterpretaciones del concepto de datos personales (particularmente, los patrimoniales) y periodistas capacitados en el manejo de los entresijos administrativos, poco podrá hacerse. Pobre resultado será  si todo lo que obtienen las reclamaciones en la calle se queda en la aprobación de  otra Ley más sobre transparencia administrativa. Otra maniobra de distracción para seguir actuando como Lampedusa.

Enlace original aquí

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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