Primer período parlamentario: a modo de balance preliminar

Por Xavier Rodríguez Franco. 

Enero del 2011. Sin dudas, un mes bisagra para la historia parlamentaria venezolana. Mes en el que sesionaban dos legislaturas, separadas solo por unos pocos días. Legislaturas abiertamente diferentes en composición y en gestión, aunque paradójicamente encontradas en términos de condicionamiento del desempeño de una para con la otra: una ley habilitanteleyes aprobadas en tiempo record en diciembre del 2010, leyes pendientes por aprobar, modificación del Reglamento de Interior y Debate, etcétera.

Desde entonces y a la fecha, vemos una Asamblea Nacional caracterizada por una condición novedosa de mayor confrontación y también de una importante señal de valorización institucional del órgano deliberativo más importante del país. En este artículo haremos un ejercicio analítico de este primer período parlamentario, en el que si bien ha sido baja la producción legislativa, ha sido alta la politización del Poder Legislativo y con ello el retorno de la política a sus cauces institucionales.

La Asamblea Nacional: no sólo son leyes, también es política.

En el año 2011 se registró un regreso de la necesaria politización institucional. Sí, leyó bien estimado lector: “politización”. Si algún rasgo positivo es necesario destacar de este primer período parlamentario, es el regreso del debate político a una de sus instancias institucionales por excelencia como lo es el Parlamento. Como bien conoce la teoría política -y desconocido por muchos- el debate sobre los asuntos públicos requiere de espacios de realización, no son hegemonía de los medios, ni de las ruedas de prensa o dominio exclusivo de las redes sociales, necesita espacios de representación institucional. En este sentido politizar una instancia propia de la política -en su sentido práctico más básico- es sin duda el aspecto más necesario para mantener viva la expectativa democrática.

Dentro de los errores reiterados de la comunicación política y el periodismo de nuestros días, destaca el de confundir proselitismo partidario o partidista, con politización. Ambas cosas no significan lo mismo. Comunicar continuamente ese mensaje equívoco, dificulta la visibilidad funcional de las instituciones, a tal punto que no somos capaces de ver  (y eventualmente celebrar) cuando la politización llega a dónde tiene que llegar y permanecer.

La Asamblea Nacional, así como cualquier órgano legislativo, al estar enajenada del debate en su práctica cotidiana, desdibuja su condición política. Por tanto juzgar a un parlamento, como una imprenta de leyes adornada por un hemiciclo, es sintomático de la transculturización que tenemos del poder y sus espacios inherentes.

El parlamento puede representar la encarnación institucional de la democracia, aunque también puede que sea el instrumento donde se ejerza el despotismo de las mayorías, en cualquiera de estas circunstancias el parlamento es un ámbito político por excelencia. En este sentido, su desempeño va más allá del calendario legislativo. Es un ámbito donde los planteamientos propios de la lucha de intereses de toda sociedad, tienen un área abierta para el debate y la interlocución cotidiana sobre el poder y sus efectos.

Es aquí, donde destaca la importancia de la atención ciudadana y los notables registros de participación electoral del año pasado. A pocos días de cumplirse un año, de aquel poderoso 67,5%, es necesario rescatar la semántica de ese dato, el mensaje implícito de re-politización institucional como petición social. Circunstancia que cobra significado si lo comparamos dentro de un historial considerable de abstencionismo y del amargo 78% de las elecciones del 2005.

Si bien es cierto que el Parlamento, en el imaginario político venezolano, no goza de mucha nitidez en cuanto sus competencias, sus actores y el rango institucional de su desempeño, también es cierto que poco contribuyó el retiro unilateral de la oposición de las elecciones del 2005 , así como el desempeño de la legislatura 2005-2010 en lo relativo a las otras funciones -distintas a legislar- que debe realizar nuestro Poder Legislativo (como lo son las competencias de Control e Investigación parlamentaria). Siendo el efecto más pernicioso de este estado de cosas, lo que ha quedado patente en la denostación mediática a la idea de politización y en el reforzamiento de la imagen de la plenaria como una fábrica de leyes.

Créditos adicionales y discursos para la galería.

En cierta medida, era previsible que la Asamblea Nacional bajara su rendimiento legislativo, especialmente si tomamos en cuenta analíticamente los siguientes factores:

  • La vigencia y amplitud de manejo de una Ley Habilitante, aprobada pocos días antes de la actual legislatura.
  • La drástica disminución de la cantidad de sesiones ordinarias semanales (previsto en el artículo 98 del reglamento vigente)
  • El largo y polémico proceso de interpelaciones y rendición de cuentas de los primeros meses del año.
  • La negociación, discusión y aprobación del calendario legislativo 2011.
  • La instalación de las comisiones permanentes
  • El regreso del debate político en las sesiones

Todo inicio de legislatura, y más aún incorporándose un actor tan importante de la política del país como lo es la oposición, necesariamente tiene un impacto en el rendimiento institucional. En este sentido, tiene asidero el comentario de cierre del diputado Istúriz en el que se reconoce que “todo inicio de legislación es lento”. De igual manera, el señalamiento que al respecto hiciera el diputado y colega Ángel Medina sobre el “freno” al ritmo legislativo que ha ejercido la oposición (gracias al incremento del debate político) tal como se hizo con la Ley Orgánica del Deporte. El vaso medio vacío o medio lleno, cuestión de perspectivas. Sin embargo, la polarización no da cabida a los matices.

Ciertamente, esto no libra de responsabilidades al Poder Ejecutivo del prominente control que ejerce sobre la agenda parlamentaria y el manejo instrumental de sus competencias. Tal como lo evidencia los más de 100 créditos adicionales aprobados a la fecha (97 durante el primer período y otros 18 en sesiones extraordinarias) como parte de los ajustes hechos al gasto público.

Con todos estos contratiempos, a la fecha se ha aprobado la designación de cuatro embajadores, tres leyes, así como también ocho en primera discusión: Ley del Uso Racional de la Energía, Ley de Justicia y Paz, Ley para Sancionar Crímenes y desapariciones ocurridos entre 1958 y 1998, reforma de la Ley de Donación de Órganos, Reforma parcial de la Ley Contra la Discriminación Racial, Reforma de la Ley contra la Corrupción y la Ley del Régimen Prestacional de Empleo.

Otra de las características resaltantes de esta nueva legislatura, es el regreso de la confrontación verbal y en ocasiones hasta física, entre los diputados. Fiel reflejo de una creciente hostilidad, de una cuestionable intolerancia e irrespeto reiterado en discursos, que entre gritos e insultos, están orientados más exhibirse “a la galería” que a la resolución conjunta y responsable de los problemas más apremiantes que afronta el país. Discursos cargados de adjetivos ofensivos, denuncias sin destino y acusaciones sin pruebas, que fueron apagando con el paso de los meses buena parte de las expectativas de los ciudadanos para con la Asamblea Nacional en su conjunto.

Restricciones de cobertura.

La disminución de estas expectativas sobre el Poder Legislativo, también es alimentada por las severas restricciones comunicacionales para todos los medios (privados, comunitarios e internacionales) distintos al canal de la Asamblea Nacional (ANTV) para hacer la cobertura de las plenarias (artículos 97 y 107 del Reglamento). Una situación sin precedentes, que difiere radicalmente del ejercicio periodístico en la fuente parlamentaria del resto de países de la región latinoamericana. Este arbitrario criterio de exclusividad y exclusión, hace que la ciudadanía tenga por obligación un solo enfoque disponible para vislumbrar el desempeño legislativo. Una transmisión que expresa un abierto y poco respetuoso manejo de la cobertura de las sesiones, así como también de la mayor parte de sus programas de opinión, los cuáles dejan entrever una clara parcialidad hacia el partido oficial y una hostilidad sistemática hacia el grupo de diputados de oposición.

A pesar de las distintas peticiones hechas por los gremios periodísticos, asociaciones civiles y hasta por los mismos diputados, estas restricciones comunicacionales persisten a la fecha. Lo cual, representa un precedente muy negativo para la imparcialidad que debe privar en la comunicación institucional del Poder Legislativo, así como también constituye una lesión considerable a la libertades de información, pues irrespeta la posibilidad de contar con enfoques alternativos a la realidad parlamentaria.

El aspecto positivo de que Venezuela sea uno de los pocos países con una emisora de radio y un canal de televisión a dedicación exclusiva, para la difusión de la dinámica parlamentaria, es lesionado por su uso desequilibrado y excesivamente propagandístico del partido de gobierno, lo cual además condiciona el ejercicio de contraloría ciudadana. Esperemos que en algún momento, la gestión comunicacional del Poder Legislativo de Venezuela entienda la natural heterogeneidad de toda sociedad y la necesaria diversidad de enfoques para ver, evaluar y opinar, sobre el más ancestral recinto de diálogo político. Un espacio donde la confrontación pacífica de las ideas sobre la vida en sociedad, se fundamenta también en el respeto a las minorías.

Queda aún un segundo período que comienza esta semana, con un difícil trabajo por concluir de 26 leyes previstas en el calendario legislativo 2011, pero sin duda sigue siendo el trabajo más arduo y trascendente, el de reconstruir una institucionalidad abierta para la concordia, el respeto y la coexistencia democrática.

@xfranco22

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

3 comentarios sobre “Primer período parlamentario: a modo de balance preliminar”

  1. Un muy buen análisis, educativo y objetivo, sobre lo que ha sido, hasta ahora, la gestión de la actual Asamblea Nacional. Coincido en que si bien la politización del Parlamento, desde el punto de vista que has planteado, como escenario natural para el debate acerca de lo público, ha sido una realidad; dista mucho de ser realmente un escenario de debate, ya que en ambas bancadas, normalmente, vemos un diálogo de sordos, sin ningún tipo de entendimiento, por más mínimo que sea. Un punto vital en eso, lo que llamas discursos para la galería que incluso algunos diputados han tenido el descaro de admitir, afirmando que no están allí para debatir con la oposición, sino para hablarle al pueblo.
    Saludos y felicitaciones por tan nutritivo artículo.

  2. Gran trabajo. ciertamente la Asamblea Nacional, debe ser el centro neuralgico del debate nacional, y aunque ese “debate” suele ser inexistente, pienso que es el reflejo natural de lo que es la sociedad venezolana de la actualidad y el funcionamiento del poder legislativo avanza con los mismos vicios y virtudes del país que representa.

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