Armas de doble filo: Reflexiones sobre los mecanismos de democracia directa

¿Los mecanismos de democracia directa, prevén mecanismos de organización social que atentan contra la representatividad? ¿pueden coexistir paradigmas, que durante años la literatura los ha planteado en el marco más dicotómico y en ocasiones polarizante? Nuestra amiga Yanina Welp, nos muestra algunas salidas a estas cuestiones: Un historial de coexistencia, mecanismos de doble filo “desde arriba” y “desde abajo” e instituciones que mantienen viva la expectativa democrática en tanto exista capacidad orgánica del activismo ciudadano…

Por Yanina Welp*. Los Mecanismos de Democracia Directa (MDD) no se contraponen a la Democracia Representativa sino que adoptan la forma de un conjunto de procedimientos que permiten que los ciudadanos tomen decisiones directamente en las urnas más allá de la elección de sus representantes. Hay instrumentos que podrían facilitar una mayor participación ciudadana autónoma (los mecanismos activados “desde abajo”, por la ciudadanía; o el referéndum obligado por la constitución) mientras otros podrían facilitar usos plebiscitarios (los activados “desde arriba”, por las autoridades). Los diseños institucionales condicionan los usos, pero no los determinan. Por ello, analizar las consecuencias de los MDD conduce a observar las prácticas.

El referéndum fue utilizado tanto durante gobiernos autoritarios (Chile 1978, 1980; Uruguay 1980) como en democracias con dudosas credenciales (Perú 1919; Uruguay 1942), en democracias frágiles (Brasil 1963) y en democracias consolidadas o en consolidación (Uruguay en numerosas ocasiones; Argentina 1984). A nivel regional, lo nuevo con respecto a períodos previos es el incremento de la frecuencia de las consultas y la inclusión de estos mecanismos en las constituciones. Un aspecto a destacar es que no puede establecerse una asociación entre un determinado tipo de gobierno y la introducción legal de MDD. Los MDD fueron introducidos en reformas impulsadas tanto por gobiernos de partidos tradicionales (Colombia 1991) como por movimientos emergentes que rompen con el sistema de partidos (Venezuela 1999); en contextos democráticos (Costa Rica 2003) o autoritarios (Perú 1993).

Dos escenarios caracterizan las prácticas de las últimas décadas: el enfrentamiento entre grupos de poder; y la resolución de conflictos entre los ciudadanos y sus representantes.

En el primer caso, se observa el bloqueo entre un movimiento encabezado por un líder con amplio apoyo ciudadano y unas élites que han sido desplazadas del poder. Aquí el referéndum, activado “desde arriba”, permite superar las trabas institucionales sostenidas en la división de poderes apelando a una legitimidad derivada del apoyo ciudadano que, a menudo, enfrenta a la legalidad (Venezuela 1999, Ecuador 2007, Bolivia 2008). Pero incluso suponiendo tentaciones de abuso de poder, los MDD son un arma de doble filo. Lo comprobó Hugo Chávez en 2004, cuando enfrentó  un referéndum revocatorio activado por la ciudadanía y la oposición. Su mandato fue ratificado pero tres años más tarde su propuesta de reforma constitucional fue rechazada, también en referéndum.

En el segundo caso, en cambio, estamos ante la canalización institucional de un conflicto que enfrenta ‑o parece enfrentar‑ las preferencias ciudadanas con las actuaciones de sus representantes. Ocurrió en Uruguay durante los noventa y primeros años de dos mil, cuando la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil (en más de una ocasión con la participación activa del por entonces emergente Frente Amplio) se organizó para proponer reformas constitucionales o vetar leyes aprobadas por el parlamento. También ocurrió en Bolivia en 2003, tras la “guerra del gas”, o en Costa Rica en 2007, debido a la polarización generada en torno a la integración del país al ALCA. En estas dos ocasiones fue el presidente quien resolvió convocar a referéndum.

El pluralismo, la libertad de expresión y la garantía de elecciones libres, competitivas y limpias son claves para garantizar el futuro y la profundización de la democracia. Aunque los diseños institucionales no determinan las prácticas, el referéndum convocado “desde arriba” crea los incentivos para el uso abusivo del poder. Por el contrario, y aunque tampoco están garantizadas sus consecuencias, cuando existen instituciones susceptibles de ser activas por la ciudadanía, ésta tiene la oportunidad de actuar en lugar de sufrir las decisiones de sus representantes.

*Center for Research on Direct Democracy (C2D) [Argentina]

Enlace original aquí

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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