¿Universidad o alcaldía?

Examinando los discursos de las autoridades universitarias, así como de la representación estudiantil, llama la atención que dentro de los contenidos destacan temas como la administración del presupuesto, los criterios de asignación de becas, cupos, transporte, alimentación, seguridad, infraestructura, mobiliario…Para cualquiera que no sepa quiénes son y esté algo despistado del contexto venezolano, pareciera el discurso de algún alcalde en funciones. Situación mucho más marcada, en momentos donde el folclore electoral y la prédica partidista se apodera de la Universidad, de sus horarios de clase, de sus prácticas en laboratorios, del funcionamiento de las canchas deportivas y hasta de sus bibliotecas.

Si bien es cierto que la política es una circunstancia inherente a la vida en sociedad y que la educación (más aún la universitaria) constituye un ámbito de referencias primarias y de socialización política por excelencia. ¿Dónde están los límites de la política en el fuero académico? ¿Hasta qué punto es sano que lo educativo luzca como la variable dependiente de la pugna partidaria dentro de la universidad venezolana?

Más preguntas: ¿Esto sucederá igual dentro de las mejores universidades del mundo? ¿Cuál es límite de la política-partidaria en la Universidad? y de dotaciones de libros, tecnologías educativas, investigaciones, accesibilidad y patentes cuándo hablamos? ¿Cuándo conversamos sobre las posibilidades de figurar (y si ya estamos, mejorar la posición) en algún ranking académico? ¿En qué momento se toca la agenda de principios, la académica?

Que los estudiantes encarnen el carácter “contestón” que va dejando de tener la sociedad, más que un símbolo cultural de la democracia venezolana, a estas alturas de vida republicana parece un signo revelador del empobrecimiento de la articulación social de la clase política, la obsolescencia de las instituciones y la disfuncionalidad de los medios de comunicación, para canalizar las opiniones y acciones colectivas sobre los asuntos públicos.

En este sentido nos preguntamos ¿son las universidades el patio trasero de los partidos? o ¿el lugar donde se refleja con más vivacidad nuestros desencuentros políticos? Mi intención no es teñir de moralinas la vida universitaria, tampoco de desconocer el esfuerzo de toda dirigencia estudiantil, para plantear legítimamente iniciativas para el mejoramiento del ámbito académico. Pero si quisiera que se reflexionara con más sentido sectorial, sobre el papel que de la Universidad se espera, en virtud de su agenda propia con el saber, la investigación, la innovación, el empleo y los niveles de calidad profesional de los egresados.

Que el estudiante universitario sea el portavoz de lo que la sociedad, en el marco de sus discrepancias calla, no pareciera un rol equilibrado ni para con la Universidad, ni para con la vida en democracia. Mucho menos es el rol necesario para las circunstancias apremiantes que atraviesa la educación universitaria venezolana, frente a las amenazas a su autonomía, la restricción sistemática de sus oportunidades profesionales y las brechas tecnológicas que presenta. Por tanto bienvenida la política, pero como parte del fenómeno educativo. Aquí radica la verdadera autonomía universitaria.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

2 comentarios sobre “¿Universidad o alcaldía?”

  1. Excelente Xavi, gracias de verdad. La universidad presenta desafíos y particularidades que no pueden ser opacadas por la política nacional. Empecemos a trabajar en conjunto, la polarización debe ser rechazada.

  2. La política debe ser parte del aprendizaje. En la universidad todos debemos esforzarnos para que exista el debate plural sobre todas las ideologías abiertamente, con respeto y sin complejos…pero que esto no obstaculice la convivencia, la armonía, la camaradería y sobretodo la agenda educativa que tiene la universidad.
    La Universidad no puede ser una alcaldía más!
    La polarización extrema ejerce una toxicidad insoportable, que termina por amordazar la actividad cotidiana de las universidades, y a eso también hay que darle moderación desde los mismos miembros de la comunidad universitaria.
    La universidad no puede seguir siendo el patio trasero de los partidos, ni tampoco puede seguir funcionando como la “cantera” de quienes quieren hacer carrera político-partidista.
    Gracias por tu comentario mi pana, creo que el mensaje quedó claro!
    Un abrazo

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