El individualismo, aquella compleja y creadora paradoja de toda sociedad

El individuo representa una paradoja social inmanente: en algunas ocasiones escollo de la convivencia, en otros momentos instancia previa al progreso creador. En este ensayo (1999), Victoria Camps, con toda la brillantez de su estilo literario, nos adentra a los cimientos y alcances de estas antinomias propias del carácter de las sociedades contemporáneas. Las cuales buscan sin cesar los medios y las estrategias necesarias para que ética, igualdad, solidaridad, individualidad y política convivan en una misma ecuación socialmente sostenible.

Es necesario un sereno reconocimiento de las causas y los efectos del individualismo, no con el objeto de adjetivarlo, sino de descubrir en él toda su humanidad y toda su condición generadora. De allí que uno de los más grandes desafíos de las comunidades políticas de hoy radica en enfocar con madurez el respeto al individuo y sus libertades civiles, a favor de una convivencia libre de los abusos del poder, sin que esto suponga regresión alguna en las facultades que permiten potenciar toda comunidad política. Por tanto, la justicia, en tanto arreglo perfectible, contingente y convencional, tiene su origen en el resguardo del individuo y es precisamente esta la condición más propicia para la coexistencia que la cooperación. Esta idea debería ser resguardada por todo Estado y todo agente institucional de poder.

Sin embargo, el individualismo como cultura de la autosuficiencia constituye una afrenta a la democracia y una amenaza de incomunicación para las sociedades contemporáneas. Especialmente en momentos en que los equilibrios se alteran como consecuencia de la doctrina y acción del gobierno con el propósito de agregar ciertos modelos de sociedad, lo cual empobrece la democracia con las apelaciones despóticas a la mayoría.

En contraste, el respeto al individuo supone el resguardo de las parcialidades que componen todo conjunto societario, sin distinción de la agregación numeraria de voluntades siempre contingentes, cambiantes y por tanto falibles. El mercado, la clase o cual sea el criterio de agrupación, no debe erigirse como modelo de sociedad, única circunstancia que pudiera remediar con el tiempo que la democracia pueda resguardarse por sí misma de sus propios enemigos. Buscando que toda expectativa sobre la vida pública sea pertinente y que la política sea práctica visible y accesible. Una lectura siempre oportuna.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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