Las mujeres en los parlamentos: una geografía disputada

Al examinar las tasas de participación femenina en los parlamentos revela una nueva imagen de los derechos de las mujeres, en todo el mundo.

Por Manuela Picq* (08/03/2012). Aljazeera. La guerra [1]  en los EE.UU. sobre los derechos reproductivos de las mujeres sigue siendo terrible. Con un panel sólo de hombres en la audiencia del Congreso, se debatió la anticoncepción femenina, lo cual resultaba tanto ofensivo tanto como irónico. La presión sobre la salud de las mujeres en los EE.UU. es particularmente preocupante, puesto que se hace abiertamente a plena luz del día, en un contexto democrático de un país que dice ser un líder mundial en las libertades individuales.

Si bien algunas sociedades parecen garantizar considerablemente a las mujeres la igualdad política, la forma y el contenido de los debates políticos resultan sintomáticos de las desigualdades estructurales subyacentes, que rara vez reciben la atención del escrutinio público. Hay muchas maneras de analizar la actual erosión de los derechos de las mujeres en los EE.UU., una de ellas es la habitual ausencia de las voces de las mujeres o una aparición marginal cuando se toman decisiones cruciales

En el Día Internacional de la Mujer, vale la pena hacer una pausa para evaluar la presencia de mujeres en la política.De acuerdo con la Unión Interparlamentaria (UIP), a finales de 2011 las mujeres tienen una presencia en promedio de 19,5 % de todos los parlamentarios del mundo [2].

Sabemos que en muchos países las mujeres siguen estando totalmente excluidas de la política formal y no ejercen ninguna forma de influencia política, sin embargo lo que somos menos conscientes es con aquellos países que actualmente permiten a las mujeres participar – y en qué medida – en la política. En este sentido, las estadísticas de género en la representación parlamentaria arrojan una luz inesperada sobre la geografía de las libertades políticas.

¿Dónde las mujeres son políticas?

Ruanda es la nación más favorable a las mujeres en el parlamento del mundo, con 56,3 % de las mujeres en la Cámara Baja. De hecho, desde que superó a los países nórdicos en 2003, Ruanda consistentemente ha punteado esta clasificación y se ha jactado de una mayoría femenina sólida desde el año 2008. Seguido de Andorra en segundo lugar, con un Congreso balanceado exactamente 50%-50% en tanto género. Las islas Seychelles, Suecia y Sudáfrica oscilan regularmente en las posiciones siguientes.

Es sorprendente descubrir la geografía de los Estados que promueven la participación de las mujeres en política. Nuestro imaginario colectivo espera encontrar Finlandia y los Países Bajos entre los primeros 20 de la lista, pero no, allí están Costa Rica, Nepal y Uganda. Las mujeres parlamentarias en países no democráticos como Cuba son una farsa, con poca importancia para el empoderamiento de género.

En aquellos países en vías de desarrollo institucional, la presencia de mujeres es clave para la óptima gobernanza. Mozambique ocupa el lugar 12 a nivel mundial, con 39,2 % de los escaños parlamentarios, proporción mayor a la de Dinamarca, mientras que el 38,2% de Angola es 10 puntos porcentuales por encima de Austria. Los países con más mujeres en sus Senados son, inesperadamente, Bolivia y Burundi, con 47,2 % y 46,3%, respectivamente.

A nivel mundial, no todos los países que reclaman libertades para las mujeres son necesariamente los que la practican. Los Estados Unidos ocupa el lugar 78 a nivel mundial, por detrás de países habitualmente vistos por tener malos antecedentes en cuanto a libertades hacia las mujeres, como Iraq, Pakistán y Sudán. Con sólo un 16,8% de las mujeres en el Congreso de EE.UU., similares a Turkmenistán, los EE.UU. es, de hecho, alrededor de 11 puntos porcentuales por debajo de Afganistán. Los Estados islámicos, donde la participación política de las mujeres tiende a ser más controvertida, podríamos encontrar una proporción relativamente alta de mujeres en los parlamentos. Indonesia, el país musulmán más grande del mundo [3], y los Emiratos Árabes Unidos, ambos tienen una mayor proporción de la representación femenina en sus cámaras bajas que en los Estados Unidos de América.

Otro hallazgo interesante en el ranking de la Unión Interparlamentaria, es que al poner a las mujeres en cargos ejecutivos, esto no se guarda relación con la participación de la mujer en las esferas legislativas. A pesar de haber elegido a Michelle Bachelet a la presidencia, Chile sigue luchando para elegir a las mujeres en el parlamento, actualmente con poco más del 14 % de mujeres en la Cámara Baja. Por su parte, Brasil es el 116 a nivel mundial, con sólo el 8,6 % de las mujeres en el Congreso Federal. La presidenta, Dilma Rousseff, sigue siendo una excepción en un sistema político que aún no se ha democratizado en términos de género.

Tendencias y perspectivas.

La pequeña región nórdica cuenta con niveles excepcionalmente altos de mujeres legisladoras en la Cámara Baja (42 %). Si tenemos en cuenta los promedios regionales en el resto del mundo, las Américas cuentan con los más altos indicadores de la presencia femenina en las dos Cámaras parlamentarias juntas [4]. Con 22,7 %, las Américas son seguidos por Europa, a dos puntos porcentuales por debajo de los países de la OCDE [5], con los países escandinavos excluidos. En términos estadísticos, las mujeres están igualmente presentes en las cámaras bajas en el África subsahariana (20,4 %) y Europa (20,8 %). Esto significa que hay más mujeres en los parlamentos de las Américas, incluso teniendo en cuenta los desastrosos bajos registros de los EE.UU. y Brasil, que en la Unión Europea (los países nórdicos a un lado).

La presencia de las mujeres importa. En 2008 la encuesta que hizo la UIP mostró que las mujeres son mayoritariamente las principales impulsoras parlamentarias de la igualdad de género [6]. La ausencia de mujeres en la política es un indicador de la ausencia de libertades. Los rankings de la UIP en su apartado de género demuestran que tomar la participación política de las mujeres en cuenta, revela una geografía de derechos distinta a aquella que sugieren los rankings ciegos a la variable de género.

Muchas naciones usualmente consideradas como menos modernas, no sólo tienen más mujeres en política que las naciones europeas, sino también han ampliado los derechos políticos a las mujeres antes. Por ejemplo, el Ecuador fue el primer país latinoamericano en dar a las mujeres el derecho al voto en 1929, mientras que Bolivia, a menudo retratada como una nación subdesarrollada, dio a las mujeres el derecho al voto en 1938. Las mujeres kirguistaníes votaron dos años antes que las estadounidenses y Turquía dio a las mujeres el derecho al voto antes de la mayoría de los países europeos (Francia, el país de la “ilustración intelectual”, sólo permitió a las mujeres votar en 1944). Yemen, garantizó a las mujeres el derecho al voto de un año antes que Suiza, en 1970.

A medida del desarrollo

Medir el alcance de la presencia de mujeres en los parlamentos invita a la reflexión sobre los principales temas del desarrollo. En primer lugar, la geografía del desarrollo no es exactamente la misma toda vez que se considera la participación política de la mujer. En segundo lugar, no hay nada en particular en los países europeos acerca de la presencia de la mujer en la política.

Si hubo un momento en que el desarrollo se medía en el PIB, los paradigmas globales han comenzado a cambiar. Los indicadores centrados en las personas ahora evalúan el desarrollo en términos de libertades.

La participación de las mujeres en los parlamentos, por supuesto, no es un indicador suficiente de democracia. Sin embargo, si el desarrollo es de hecho una acumulación de las libertades, en particular las libertades políticas, como el economista Amartya Sen sostiene en su análisis ganador del Premio Nobel, entonces la medición de la presencia femenina en las decisiones políticas es, indudablemente, un barómetro crucial e indispensable para el desarrollo. La clasificación la UIP son sorprendentes, no sólo por lo que nos dicen sobre las mujeres, sino también por lo que nos dice acerca de la geografía del desarrollo: la distribución de la presencia de mujeres en los parlamentos de todo el mundo en general, muestra poca correlación con los mapas convencionales sobre el desarrollo.

Además, la clasificación la Unión Interparlamentaria muestra que no es necesariamente en los llamados Estados modernos y desarrollados, en los que las mujeres tienen una mejor oportunidad de participar en la política electoral. La presencia de mujeres en la política no significa ni un patrón cultural único en Europa ni tampoco es un monopolio de un Occidente supuestamente “más civilizado”. Muchas sociedades no europeas prueban ser igual o mejores en cuanto a la garantía de universalidad de la participación de la mujer en la política, así como también en la insuficiente exportación de la agenda de género.

Países políticamente poderosos no están llevando las tendencias mundiales en lo que respecta a la presencia de las mujeres en la política. De hecho, los indicadores muestran que a menudo es todo lo contrario, lo que significa que los EE.UU. y Europa no puede invocar derechos de las mujeres al tratar de justificar las intervenciones políticas, económicas o militares.

La toma de decisiones políticas no es suficiente para asegurar el bienestar de las mujeres y su participación política formal, no es equivalente con la igualdad sustantiva en la práctica. Sin embargo, la presencia parlamentaria es intrínseca a la acumulación de libertades y un ingrediente necesario para replantear debates y expectativas. En este sentido, será difícil para las mujeres para ganar la guerra actual en los EE.UU. sobre los derechos de anticonceptivos y la salud de las mujeres en general, sin una presencia mucho más significativa de las mujeres en ámbitos políticos y legislativos.

Traducción: Xavier Rodríguez Franco.

Enlace original en inglés aquí.

Publicado en Parlamentoscopio N°1 de abril de 2012.

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Referencias:

[1] Véase el interesante artículo de opinion de Louise Trubek (01/03/2012) publicado por el New York Times “La interminable lucha sobre la contracepción (inglés): http://www.nytimes.com/2012/03/02/opinion/contraception-war-goes-on.html?_r=3&ref=opinion

[2] Véase el gráfico correspondiente al número de escaños ocupados por mujeres para el año 2011 en el siguiente enlace: http://www.ipu.org/wmn-e/classif.htm

[3] En Indonesia, el 86 % de su población es musulmana, lo cual le convierte en el país islámico más grande del mundo, a pesar de ser un estado oficialmente “secular”. Cfr: http://www.nationalgeographic.es/viaje-y-culturas/paises/indonesia-guia

[4] En el ejercicio comparativo por continentes puede consultarse en el siguiente enlace: http://www.ipu.org/wmn-e/world.htm

[5] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

[6] En el siguiente enlace podrá conocer el estudio en su totalidad y en español: http://www.ipu.org/PDF/publications/equality08-s.pdf

*Manuela Picq acaba de terminar un puesto como profesor visitante e investigador en el Amherst College. Actualmente está escribiendo un libro sobre los derechos de los pueblos indígenas en el Amazonas.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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