Software libre: Lo que no sabe el diputado Leomagno Flores

openPor Luís Carlos Díaz (Publicado en ProDavinci) El martes 22 de enero, el diputado de Acción Democrática, Leomagno Flores, tomó la palabra en el hemiciclo de la Asamblea Nacional para decir: “El software libre es la dictadura…”. La sentencia completa es aún más incomprensible, porque cerraba con: “…es la dictadura de un sistema informático violando el principio básico de la neutralidad tecnológica”.

La intervención ocurrió durante la petición de retomar la empolvadísima ley de Infogobierno, introducida por el diputado Luis Tascón en 2006, y de la que sólo se aprobaron 5 artículos. Como el parlamento es más lento que nuestro Internet, la ley debe ser discutida desde cero porque en todos estos años la tecnología ha cambiado tanto como los requerimientos de la administración pública.

Es sumamente curioso que la bancada oficialista no aprovechase todos los años de dominio absoluto de la Asamblea, durante el periodo legislativo anterior, para aprobar la ley de Infogobierno. Fueron años de bajísima productividad legislativa y aprobaciones automáticas de las leyes que se enviaban desde Miraflores. Incluso hubo periodos habilitantes, con leyes introducidas sin mayor discusión popular.

Sin embargo, ante semejante muestra de ignorancia del diputado opositor, que para más dolor es el presidente de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación, debemos hacer una serie de apuntes:

La imposición no ha servido

Posiblemente, el diputado Flores se refiere al software libre como una dictadura porque su uso en la administración pública es obligatorio desde que se aprobara el decreto 3.390 hace 8 años. Sepa el parlamentario, que ni siquiera por la vía de la imposición el propio Estado ha cumplido su mandato.

Múltiples organismos públicos, entre ellos el INE y el CNE, siguen pagando por software privativo para algunas de sus labores. De hecho, recientemente el Metro de Caracas acogió entre sus anunciantes al navegador Internet Explorer, de Microsoft. Las impresionantes gigantografías en las estaciones del subterráneo dejaron pálidos a los activistas de “Cunaguaro”, el navegador del sistema operativo Canaima.

Por miedo a las sanciones discrecionales, algunas alcaldías opositoras cumplen mejor que otras del PSUV con el mandato de usar software libre.

Libertad en varios sentidos

Cuando el diputado se refiere a “dictadura”, en realidad desconoce que el software libre recoge 4 libertades que retan su palabra: libertad de ejecutar el programa con cualquier propósito, libertad de estudiar cómo funciona un programa y cambiarlo, libertad de redistribuir copias, libertad de distribuir copias de las versiones modificadas para ayudar a otros.

Un ejemplo sencillo: algunos pequeños locales comerciales deben pagar la licencia de algún software de administración para sus inventarios y balances. La dictadura es que ese programa está cerrado, no lo puede adaptar el usuario y además debe pagar una licencia anual. Algunos optan por usar un programa pirateado, comprándolo en la calle. El software libre propondría un sistema abierto, gratuito, fácilmente adaptable y con versiones para empresas de distintas ramas, con una distribución abierta y legal. La ceguera de la polarización política no puede ocultar que incluso por eficiencia, es más sensato usar y promover el software libre.

En alguna declaración posterior, el diputado Flores quiso defenderse con el argumento de que la libertad del software reside en poder instalar el que uno deseara. Con dinero personal, claro que se puede, pero con dinero del presupuesto público no.

Costos

Para vergüenza de la revolución, durante un buen tiempo la Cantv y VIT pagaron licencias a Windows para instalarla en las “computadoras socialistas” que vendía el Estado.

No sólo es un sinsentido ideológico, sino que además es costoso. Millones de bolívares fuertes se fueron en compras y comisiones, que bien pudieron ir al desarrollo de software nacional. Lo mismo ocurre en múltiples oficinas públicas donde podríamos ahorrar gastos de dinero de todos los ciudadanos en licencias, antivirus e incluso programas de edición audiovisual.

El software libre no es chavista

A pesar de lo que quiere hacer creer la propaganda oficial, los sistemas basados en software libre no están secuestrados por una tolda política. Numerosas administraciones públicas de países con gobiernos de distinto signo ideológico demuestran que el desarrollo de su propio software son una norma. En 2005 la UNESCO declaró que el empuje del SL podría ayudar a cerrar brechas tecnológicas en países en desarrollo y además impulsaría las industrias locales. Un presidente de la comisión de ciencia y tecnologías de un parlamente debería ser más bien un activista de estos temas.

Destronado

Con su acción, Leomagno Flores casi destrona a Israel Sotillo, de la bancada del PSUV en el período anterior. En diciembre de 2010, en medio de una discusión sobre el control de contenidos en Internet, el parlamentario dijo: “No sólo existe Internet, también existe Mozilla y super lan”. Desde entonces se le conoce en las redes como “el diputado mozilla”.

El episodio de Sotillo se recuerda, pero Leomagno Flores pudo nuevamente nuclear el rechazo y la burla en torno a sus declaraciones. Lo peor, es que incluso los diputados del chavismo que desconocían el tema o trabajaron para retrasarlo, ahora se lo tomarán en serio y lo impulsarán, sólo por llevarle la contraria.

Hay que escuchar

Según el portal Monitor Legislativo y [Entorno Parlamentario], que hace seguimiento de la actividad del parlamento, el diputado Flores tiene un bajísimo desempeño en consultas públicas. Para un tema tan álgido como este, no hay justificación para no sentarse a escuchar a la gente. Incluso del seno de la MUD salió un documento firmado por decenas de expertos, que plantean líneas de trabajo para la coalición opositora. En el libro “Coordenadas para un país: políticas en Comunicación, Cultura, Telecomunicaciones y Ciencia, Tecnología e Innovación”, hay mucho material con el que se puede trabajar para incentivar las tecnologías en el país.

Lo curioso es que en el reparto de comisiones, no es la primera vez que el chavismo desprecia la de ciencia y tecnologías, y se la deja como repele a la oposición. Es un signo de que el tema no es prioritario.

Tan poco prioritario es, que el sistema Canaima depende de un pequeño equipo de desarrolladores y el resto se compone de colaboradores que trabajan por amor al arte. Un desarrollador de Canaima cobra menos de 4 mil bolívares mensuales de salario, cuando por trabajos similares, en países como Ecuador, Perú y Colombia, su salario superaría fácilmente los 1.500 dólares.

Con un poco más de calma y despolarizando los debates, los parlamentarios opositores podrían ver en la ley de Infogobierno la posibilidad de tener un estado más eficiente, transparente y con mayor acceso a información pública. Por otra parte, apoyar el software libre puede ser un consenso e incluso un frente de trabajo conjunto por el desarrollo tecnológico del país.

Enlace original aquí.

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Publicado por

Xavier

Politólogo (UCV y UAB). Magíster en Estudios Latinoamericanos (USAL). Director de la ONG Entorno Parlamentario (@eparlamentario). Miembro del equipo directivo de @EducaMiranda

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